Una realidad que no se detiene
El Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) registró 170 casos de feminicidio en 2023, un 30,8 % más que el año anterior. Solo entre enero y agosto de 2024, se reportaron 118 casos, la mayoría motivados por los celos (47,1%) o por la resistencia de las victimas a terminar una relación.
Según el INEI (ENDES 2023), el 53,8% de las mujeres peruanas entre 15 y 49 años declaró haber sido víctima de violencia psicológica, física o sexual por parte de su pareja.

Estas cifras, lejos de ser únicamente números, revelan una problemática estructural que atraviesa lo cultural, lo educativo y lo mediático.
Explica el doctor Elder Cuevas Calderón, especialista en semiótica y análisis del discurso.
Titulares que ocultan violencia
Un estudio del Consejo Consultivo de Radio y Televisión (CONCORTV) y Calandria (2022) analizó más de 400 noticias sobre feminicidio y halló que el 82% de los medios no explica qué significa el término, mientras que el 85% no brinda información de ayuda para víctimas, como la Línea 100.
El doctor Cuevas señala que este tipo de cobertura no solo informa, sino que reproduce estereotipos:
Es decir, en otras palabras, el lenguaje actúa como un espejo cultural ya que muestra lo que la sociedad tolera y repite lo que niega a cambiar.
El poder simbólico del lenguaje
La semiótica permite entender que las palabras no solo nombran, sino que jerarquizan. Cuevas advierte que incluso términos aparentemente neutros, como víctima, pueden tener un efecto de borrado simbólico:

Los documentos del Programa Nacional Aurora refuerzan esta lectura: más de 24% de los casos de feminicidio ocurrieron en la casa de la victima y el 49% de las víctimas tenían entre 30 y 59 años. La violencia sucede en entornos íntimos y normalizados, donde el lenguaje de los medios puede reforzar o desafiar la indiferencia.
Un cambio que debe empezar en las palabras

ANDINA/Difusión
El profesor Cuevas sostiene que la academia y la información en comunicación son claves para transformar el discurso social:
Por ello, propone que los periodistas se concentren en los hechos y no en los adjetivos, narrando con rigor, empatía y contexto. La emoción o el morbo, dice, solo perpetua una mirada patriarcal sobre la violencia.
Revisar cómo narramos los feminicidios no es un gesto simbólico: es una forma de resistencia. En un país donde cada cifra representa una vida perdida, el lenguaje puede ser tanto un arma como una herramienta de cambio.
