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Miguel Ángel Russo: el técnico que convirtió la lucha y el amor en su legado más grande
¡Hasta siempre, querido Miguel!

El fútbol argentino y latinoamericano se despide de uno de los nombres más queridos. Miguel Ángel Russo, símbolo de trabajo, humildad y pasión, falleció el pasado 8 de octubre de 2025 a los 69 años, tras una larga batalla contra el cáncer. Su partida deja un vacío enorme, pero también una historia de vida que inspira mucho más allá de las canchas.

Nacido en Lanús en 1956, Russo dedicó toda su vida al fútbol. Primero como jugador de Estudiantes de La Plata, y luego como entrenador de una generación que aprendió de él el valor de la constancia y del respeto. Fue un hombre que nunca levantó la voz más de lo necesario, pero cuyas palabras siempre pesaron y se recordará siempre una frase, “Todo se cura con amor”.

El jugador que fue ejemplo de lealtad

Russo debutó como mediocampista en Estudiantes en 1975 y, a diferencia de la mayoría, nunca vistió otra camiseta. Fue un “one-club man” en tiempos donde eso ya era poco común. Disputó 435  partidos en donde ganó los campeonatos Metropolitanos de 1982 y Nacional de 1983, y representó a la selección argentina en 17 ocasiones. Su retiro, en 1988, cerró una etapa marcada por la entrega silenciosa y el compromiso con los colores.

Un técnico que dejó huella en todo el continente

Su carrera como entrenador comenzó apenas un año después de dejar las canchas. Desde entonces, Russo dirigió más de mil partidos y levantó títulos en varios clubes que dirigió. En cada club dejó algo más que resultados: dejó enseñanza, humanidad y ejemplo.

En Argentina pasó por Lanús, Vélez, Racing, San Lorenzo, Estudiantes, Rosario Central y, por supuesto, Boca Juniors, donde alcanzó su consagración más recordada: la Copa Libertadores 2007, junto a un joven Juan Román Riquelme que siempre lo consideró una figura clave en su carrera. Años después volvería al club para conquistar la Superliga 2019-20 y la Copa de la Liga 2020, reafirmando su conexión con la Bombonera y en donde ahora ya es considerado uno de los ídolos de los Xeneizes.

Fuera de su país también cosechó éxitos. En Colombia, llevó a Millonarios al título del Torneo Finalización 2017 y la Superliga 2018, devolviendo la gloria a un club que llevaba años sin coronarse. En Perú, su paso por Alianza Lima en 2019 dejó huella por su profesionalismo y cercanía con los jugadores, incluso en un momento difícil para su salud.

“Todo se cura con amor”

Esa fue una de sus frases más recordadas, pronunciada en 2017, cuando enfrentaba su tratamiento contra el cáncer. Lejos de esconderse, Russo siguió trabajando, dirigiendo, motivando. Su lucha se convirtió en símbolo de esperanza. “No me considero un ejemplo, solo hago lo que amo”, decía cada vez que le preguntaban cómo encontraba fuerzas.

Esa mezcla de sencillez y fortaleza lo convirtió en una figura muy querida dentro del fútbol. Jugadores, dirigentes y periodistas coinciden en algo: Russo no solo formó equipos, formó personas. Siempre cercano, siempre con una palabra justa, sin buscar protagonismo, demostrando que para él, el fútbol era más que un deporte.

El último partido

Hasta el final, Russo fue fiel a su esencia. Volvió a Boca Juniors en 2025 a cumplir su tercer ciclo como entrenador xeneize, ya con la enfermedad avanzada, porque sentía que todavía tenía algo para dar. Lo hizo con la misma pasión de siempre, con la convicción de que el fútbol también puede ser un acto de amor.Su despedida generó mensajes de todo el mundo. Desde Estudiantes de La Plata hasta Millonarios, pasando por Boca, Vélez y Rosario Central, todos los clubes que dirigió e incluso varios clubes extranjeros, lo despidieron con afecto y admiración, porque sabían que un pilar de este deporte, no estaría más para representar lo que es el verdadero amor hacia el fútbol. En las redes, los hinchas repitieron una frase que resume su legado: “Gracias, Miguel. Por los títulos, por la lucha, y por enseñarnos a no rendirnos”.

Un Homenaje de Película

A pocos días de haber fallecido su Padre, Ignacio Russo, pidió jugar a su club Tigre, quienes le habían dado el permiso de ausentarse por el suceso que estaba viviendo el jugador. El mismo Ignacio Russo declaró el porque quería jugar diciendo: “Voy a jugar, él hubiese querido eso. Si no, se levanta y me cag* a put**das”, ya en el partido, como si todo hubiese estado hecho para que sucediera, Ignacio marcó el único gol del partido, ante Newell 's, equipo del eterno rival de Rosario Central, donde era símbolo Miguel Angel Russo. La celebración del gol se opacó con el llanto de desahogo de Ignacio, dedicando el gol a su padre, enseñando su tatuaje a la cámara de la frase que dejó Miguel, “Todo se cura con amor”.

Un legado eterno

Miguel Ángel Russo fue más que un técnico exitoso. Fue un ejemplo de humanidad dentro de un fútbol que a veces olvida la sensibilidad detrás del resultado. Su vida demuestra que la grandeza no está solo en los trofeos, sino en la forma de alcanzarlos.Hoy, el fútbol lo despide con tristeza, pero también con gratitud. Porque hombres como Russo no se van del todo: se quedan en cada vestuario, en cada charla, en cada abrazo de gol.
Descansa en paz, Miguel. Tu amor por el fútbol seguirá curando a quienes te recuerdan.

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