(Influencia de los medios y programas digitales en la opinión pública)
Redes sociales – Influencia – Percepción – Digital – Elecciones
Plataformas digitales se consolidan como principal fuente de información política, generando preocupación por la desinformación
Las redes sociales se han convertido en una de las principales fuentes de información para los jóvenes peruanos durante los procesos electorales, desplazando progresivamente a los medios tradicionales como la televisión, la radio y la prensa escrita. Plataformas como TikTok, Instagram, Facebook e incluso WhatsApp no solo difunden contenido informativo, sino que también influyen directamente en la forma en que este grupo interpreta propuestas, candidatos y resultados. A través de videos cortos, publicaciones virales, memes y opiniones de creadores de contenido, los jóvenes acceden a información política de manera rápida, dinámica y muchas veces sin filtros.
Este fenómeno ha cambiado la forma en que se construye la opinión pública en los últimos años. Los algoritmos de las redes sociales suelen priorizar contenidos que generan mayor interacción, como temas polémicos o emocionales, lo que hace que muchos usuarios consuman información acorde a sus propias creencias. De esta manera, las plataformas digitales no solo informan, sino que también influyen en la manera en que los jóvenes interpretan la realidad política, limitando en algunos casos la exposición a puntos de vista distintos y reforzando ciertas posturas.
A ello se le suma la forma en que se presenta la información en redes sociales. Los mensajes breves, los videos cortos y las publicaciones virales simplifican temas complejos como los procesos electorales, facilitando su consumo pero también reduciendo la profundidad del análisis. En este entorno, los influencers y creadores de contenido han ganado relevancia, ya que muchos jóvenes toman en cuenta sus opiniones al momento de informarse, lo que incrementa su impacto en la formación de percepciones políticas.

Durante los procesos electorales, este escenario se intensifica. La rápida circulación de contenido, muchas veces sin verificación, influye en la imagen de los candidatos y en la interpretación de sus propuestas. Comentarios, tendencias y publicaciones virales pueden moldear la percepción colectiva en poco tiempo, lo que afecta la manera en que los jóvenes entienden el proceso electoral y toman decisiones al momento de votar.
Dando contexto, en los últimos años, el acceso a la información en el Perú ha cambiado de manera acelerada, impulsado principalmente por el crecimiento del internet y el uso masivo de dispositivos móviles. Hoy, gran parte de la población, especialmente los jóvenes, puede informarse en cuestión de segundos a través de redes sociales y plataformas digitales. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI 2024), el acceso a internet en hogares peruanos ha venido aumentando de forma sostenida, lo que ha permitido que cada vez más personas se conecten a contenidos informativos desde cualquier lugar.
En esa misma línea, el ingeniero Ángel Paz (2026) señaló en una breve entrevista que “hoy la información ya no se busca, te encuentra”, haciendo referencia a cómo los algoritmos de las plataformas digitales colocan contenido directamente frente al usuario. Según explicó, esta dinámica ha cambiado la relación entre las personas y la información, ya que ahora el consumo es mucho más inmediato y constante, lo que influye directamente en la forma en que se interpretan los hechos.
Este avance en la conectividad también se refleja en el uso cotidiano de teléfonos inteligentes. Según reportes del Organismo Supervisor de Inversión Privada en Telecomunicaciones (OSIPTEL 2022), el número de líneas móviles con acceso a internet ha crecido significativamente en los últimos años, facilitando que la información circule de manera constante. En la práctica, esto significa que los usuarios ya no dependen de horarios ni de medios tradicionales para enterarse de lo que ocurre, sino que acceden a noticias, opiniones y contenidos en tiempo real.
Ángel Paz (2026) también nos menciona, que este cambio no solo ha sido tecnológico, sino también cultural, ya que la forma en que las personas se informan hoy es mucho más inmediata y fragmentada. Desde su experiencia en el ámbito de las telecomunicaciones y su trabajo vinculado a OSIPTEL, explica que el crecimiento del internet móvil ha hecho que el usuario promedio pase gran parte del día conectado, recibiendo información de forma continua y muchas veces sin detenerse a contrastarla. En ese sentido, señala que este nuevo entorno “ha transformado al ciudadano en un consumidor permanente de información digital, donde la rapidez muchas veces pesa más que la profundidad del contenido”.
Bajo esa línea ese acceso inmediato también ha transformado la forma en que se consume la información. La rapidez con la que se difunden los contenidos en redes sociales ha reducido los tiempos de análisis y reflexión, privilegiando la inmediatez sobre la profundidad. En este entorno, la información compite por captar la atención del usuario, lo que favorece formatos breves y llamativos. Así, el crecimiento de la conectividad no solo ha ampliado el acceso, sino que también ha cambiado las dinámicas de consumo informativo en la sociedad.
Este entorno de acceso rápido también ha facilitado la circulación de información falsa o no verificada en redes sociales. Una publicación puede volverse viral en cuestión de minutos, sin pasar por ningún tipo de filtro o validación previa, especialmente si presenta un titular llamativo o un contenido que genera impacto inmediato. Imágenes sacadas de contexto, datos incompletos o interpretaciones exageradas suelen difundirse con facilidad, sobre todo cuando apelan a emociones como el miedo, la indignación o la sorpresa. En muchos casos, los usuarios comparten este tipo de contenido sin confirmar su veracidad, lo que contribuye a que la desinformación se expanda rápidamente y alcance a miles de personas en muy poco tiempo.
A esto se suma la influencia que ejercen algunas cuentas, páginas o creadores de contenido que opinan sobre temas complejos sin necesariamente contar con sustento claro o fuentes verificables. La forma cercana y directa en la que se comunican, muchas veces a través de videos o transmisiones en vivo, genera una sensación de confianza en la audiencia. Esto hace que sus opiniones, aun cuando no estén respaldadas por información sólida, sean tomadas como válidas por quienes los siguen. De esta manera, interpretaciones parciales, datos imprecisos o afirmaciones sin contexto pueden replicarse de manera masiva, influyendo en la percepción de quienes consumen ese contenido.
Hablando específicamente del proceso de elecciones presidenciales este 2026, la participación de los jóvenes volvió a destacar dentro del panorama político peruano. De acuerdo con el padrón electoral difundido por el RENIEC (2026), millones de ciudadanos entre los 18 y 29 años estuvieron habilitados para votar, consolidándose como uno de los grupos más numerosos dentro del electorado nacional. Este segmento no solo crece en número con cada proceso, sino que también adquiere mayor visibilidad en un contexto donde los resultados suelen definirse por márgenes cada vez más ajustados. En ese escenario, el peso del voto joven deja de ser secundario y pasa a tener un rol clave en la definición de los resultados.
Más allá de su tamaño, la población juvenil ha ido ganando protagonismo de forma sostenida en los últimos años. Según datos de la ONPE, en procesos electorales recientes los jóvenes han representado cerca de un tercio del total de votantes, una proporción que evidencia la magnitud de su presencia en las urnas. Esta cifra no solo refleja participación, sino también influencia directa, especialmente en elecciones reñidas donde cada voto cuenta. El crecimiento de este grupo dentro del padrón electoral lo posiciona como un actor cada vez más relevante, capaz de inclinar la balanza en distintos escenarios políticos.
A ello se suma la forma en que este grupo se informa y participa en la vida política. A diferencia de generaciones anteriores, muchos jóvenes siguen campañas, debates y noticias principalmente a través de redes sociales, donde además comparten contenido, comentan y reaccionan en tiempo real. Esta participación activa no solo amplifica su presencia, sino que también influye en la construcción de opiniones colectivas sobre candidatos y propuestas.

En el escenario político reciente, también ya se ha visto casos donde el impulso no ha venido únicamente de campañas tradicionales, sino del propio movimiento generado por los jóvenes en redes sociales. Alrededor de la figura de Jorge Nieto, por ejemplo, comenzó a formarse una dinámica distinta, en la que usuarios, especialmente jóvenes, difundían contenido de manera espontánea, compartiendo mensajes, fragmentos de intervenciones y opiniones a través de plataformas digitales. Este tipo de apoyo no respondía necesariamente a una estrategia formal, sino a una circulación constante de publicaciones entre usuarios, lo que fue dándole visibilidad progresiva dentro del entorno digital.
A medida que este contenido se expandía, comenzaron a aparecer elementos propios de la cultura de internet, como memes, frases repetidas y hasta símbolos que identificaban a quienes apoyaban estas ideas. Entre ellos, destacó la creación de una mascota representada por un perrito, que empezó a circular en distintas publicaciones como una forma de representar de manera más cercana y llamativa el respaldo al personaje. Este tipo de recursos, habituales en redes sociales, permitió que el contenido se volviera más fácil de compartir y reconocer, especialmente entre usuarios jóvenes.
Este tipo de dinámica se desarrolla principalmente en espacios donde los usuarios interactúan de manera constante, compartiendo contenido, reaccionando y adaptando los mensajes según su propio estilo. Publicaciones, memes y símbolos como el del perrito comienzan a aparecer en distintas cuentas, replicándose entre grupos y ampliando su alcance con cada interacción. A través de estos formatos, el contenido se mantiene en circulación dentro de las plataformas, generando nuevas respuestas y manteniendo activa la presencia del tema en la conversación digital cotidiana.
Otro caso que se hizo visible en redes fue el de Wolfgang Grozo, cuya presencia durante el periodo electoral empezó a destacar principalmente entre usuarios jóvenes. Parte de esta cercanía se vinculó con su perfil como docente de la Universidad de Lima, lo que generó una identificación inmediata con estudiantes y egresados que comenzaron a mencionar y compartir contenido relacionado con él. Este vínculo académico funcionó como un punto de conexión que permitió que su imagen se percibiera más próxima dentro de un entorno donde los jóvenes suelen valorar figuras con las que sienten algún tipo de relación directa.
A ello se sumó su participación en dinámicas propias de redes sociales, donde empezó a aparecer en videos y publicaciones que seguían tendencias populares entre usuarios jóvenes. La adaptación a estos formatos como clips breves, audios virales o situaciones cotidianas facilitó que su contenido circulara con mayor facilidad, integrándose a la lógica de plataformas como TikTok o Instagram. De esta manera, su presencia en intenciones de voto paso de 0,1% a 6.2% en cuestión de semanas, todo gracias a la campaña generada por los usuarios en redes sociales.
Sin embargo, la misma dinámica que impulsó su visibilidad también expuso rápidamente cuestionamientos cuando comenzaron a difundirse declaraciones en las que negaba algún vínculo con el partido Perú Libre. Estas afirmaciones contrastaron con información que circulaba en redes, lo que generó una reacción inmediata entre los usuarios. Publicaciones, comentarios y videos empezaron a viralizar este contraste, alimentando el debate y modificando la percepción que se había construido previamente. En poco tiempo, el tono de las interacciones cambió y parte del respaldo que se observaba en redes comenzó a diluirse, mostrando cómo el mismo espacio digital que impulsa una figura también puede afectar su posicionamiento en cuestión de horas.
Un elemento que coincidió en los casos de Wolfgang Grozo y Jorge Nieto durante estas elecciones fue la ausencia de una campaña tradicional claramente estructurada, al menos en comparación con otras candidaturas. En lugar de grandes despliegues publicitarios, mítines masivos o presencia constante en medios convencionales, su visibilidad se fue construyendo principalmente en entornos digitales. Gran parte de la difusión de sus nombres no respondió a estrategias oficiales evidentes, sino a la actividad generada por los propios usuarios en redes sociales.
En ambos casos, el impulso inicial no parecía provenir directamente de equipos de campaña organizados, sino de publicaciones espontáneas que empezaron a circular entre distintos grupos. Comentarios, clips de video, fragmentos de intervenciones y hasta contenidos creados por terceros comenzaron a replicarse sin una coordinación visible. Este tipo de dinámica permitió que sus figuras ganaran presencia sin necesidad de recurrir a los canales tradicionales, apoyándose más bien en la interacción constante dentro de plataformas digitales.

Esta forma de posicionamiento muestra una variación en la manera en que algunas figuras logran visibilidad en procesos electorales recientes. Sin una campaña convencional evidente, la circulación de contenido en redes pasó a ocupar un rol central en la construcción de su imagen pública. A través de interacciones cotidianas, publicaciones compartidas y principalmente como se fue moldeando la intención de voto de los jóvenes en el ámbito digital.
Siguiendo como ejemplo lo ocurrido y tomando el caso específico de Grozo, estas situaciones permiten observar con mayor claridad lo cambiante que puede ser la percepción dentro de las redes sociales. En estos espacios, la opinión pública no se construye de manera estable ni progresiva, sino que se va moldeando constantemente en función del contenido que circula en cada momento. Un personaje o tema puede generar respaldo en cuestión de horas, posicionarse como tendencia y concentrar la atención de miles de usuarios, pero ese mismo interés puede modificarse rápidamente ante la aparición de nuevos elementos que reorientan la conversación.
En este entorno, la percepción suele estar fuertemente influenciada por lo que gana visibilidad en las plataformas. Las tendencias, los contenidos virales y el volumen de interacciones terminan marcando qué temas se discuten y cómo se interpretan. La repetición de ciertos mensajes, frases o enfoques contribuye a reforzar determinadas ideas, muchas veces sin que exista un análisis más amplio o contextualizado. De esta manera, la información no solo se difunde, sino que también se transforma a medida que pasa de un usuario a otro, adaptándose a distintos formatos y generando nuevas lecturas sobre un mismo hecho.
A la par, la dinámica propia de las redes hace que la atención sea breve y cambiante. Los usuarios están expuestos a una gran cantidad de contenido en lapsos muy cortos, lo que provoca que los temas se renueven constantemente y que la conversación digital se mantenga en movimiento. Lo que en un momento concentra opiniones, comentarios y reacciones, puede perder fuerza rápidamente frente a nuevas publicaciones que captan el interés colectivo. En ese flujo continuo, la percepción se ajusta de manera constante, influida por la inmediatez, la repetición y la interacción que caracterizan al entorno digital.
En el marco de las elecciones en el Perú, se evidencia con mayor claridad cómo las nuevas formas de comunicación han transformado la manera en que los ciudadanos construyen su decisión de voto. El proceso electoral ya no depende únicamente de los espacios tradicionales como la televisión, la radio o los mítines políticos, sino que se desarrolla en paralelo dentro de un entorno digital donde las redes sociales cumplen un rol central. En este espacio, la información sobre candidatos, propuestas y acontecimientos políticos circula de manera inmediata, lo que hace que la exposición del elector sea constante y muchas veces simultánea entre distintas versiones de un mismo hecho.
En las futuras elecciones, resulta cada vez más evidente que los candidatos deberán considerar de manera mucho más estratégica el papel que juegan las redes sociales en la construcción de la opinión pública. Ya no basta con concentrar los esfuerzos en los espacios tradicionales de campaña, sino que es necesario comprender que una parte importante del electorado, especialmente los jóvenes, se informa, debate y forma sus percepciones a través de plataformas digitales. En ese sentido, la presencia en redes no solo complementa la campaña, sino que puede convertirse en un factor decisivo para alcanzar visibilidad y conexión con los votantes.
Esta transformación ha modificado la dinámica de influencia sobre el votante, especialmente en el caso de los jóvenes, quienes se informan principalmente a través de plataformas digitales. La presencia de contenido viral, opiniones de creadores digitales y publicaciones compartidas por otros usuarios genera un entorno donde la percepción de los candidatos se construye de forma progresiva, pero también influenciada por tendencias momentáneas. En este contexto, un video, una declaración o incluso una interpretación aislada puede adquirir mayor relevancia que un mensaje político completo, afectando la forma en que se evalúa una opción electoral.
A su vez, la lógica de las redes sociales, basada en algoritmos que priorizan la interacción, contribuye a reforzar ciertos discursos por encima de otros. Esto provoca que los usuarios estén más expuestos a contenidos alineados con sus propias ideas o con lo que genera mayor impacto emocional, lo que puede influir en la toma de decisiones políticas sin un análisis profundo. De esta manera, la formación del voto no solo responde a la información recibida, sino también al tipo de contenido que logra mayor visibilidad dentro de cada plataforma.
En este escenario, la influencia digital no se limita a la difusión de información, sino que también interviene en la construcción de percepciones colectivas sobre los candidatos y el proceso electoral en general. La rapidez con la que se difunden los contenidos hace que las opiniones puedan cambiar en periodos muy cortos, dependiendo de lo que se vuelva tendencia en redes sociales. Esto introduce una nueva dinámica en la política electoral, donde la visibilidad digital puede ser tan determinante como las propuestas mismas.
Asimismo, la circulación de información no verificada o sacada de contexto puede incidir directamente en la decisión de voto, generando percepciones basadas en fragmentos de información más que en análisis completos. En este sentido, la influencia de las nuevas comunicaciones no solo amplía el acceso a la información electoral, sino que también redefine la manera en que esta es interpretada y utilizada por los ciudadanos al momento de decidir.
Finalmente, las elecciones actuales reflejan un escenario en el que la tecnología, las redes sociales y la inmediatez informativa se han convertido en factores determinantes del comportamiento electoral. El voto ya no se construye únicamente a partir de campañas tradicionales, sino también a partir de la interacción constante en entornos digitales, donde la información fluye sin pausas y la percepción pública se encuentra en permanente transformación. Este nuevo contexto evidencia cómo las formas modernas de comunicación influyen directamente en la decisión electoral y en la manera en que se entiende la política en la actualidad.
