En las calles se siente una atmósfera extraña. Todos sabemos, o al menos intuimos, que se avecina uno de los fenómenos climáticos que más nos preocupa: el inminente Fenómeno del Niño. Se habla incluso de un "super Niño" que podría ser devastador, y basta con mirar a nuestro alrededor para notar cómo cambió nuestro día a día, las chompas, abrigos y chalinas se quedaron olvidadas en el armario, mientras el calor no da tregua y parece hacerse más intenso con cada semana. Por todos lados surgen alertas sobre un posible desabastecimiento y, aunque el pánico empieza a apoderarse de una parte de la población, increíblemente aún hay quienes no toman verdadera conciencia de lo que se nos viene encima.
El panorama que se proyecta para los próximos meses es crítico y con dos caras opuestas para el país. Mientras que en la costa norte, la sierra y el centro la gran amenaza son las lluvias intensas, los huaicos y la crecida de los ríos, en la sierra sur y en el lago Titicaca la situación es totalmente contraria, con sequías y niveles de agua peligrosamente bajos. Esta doble amenaza pone en riesgo directo el sustento, la vivienda y el día a día de miles de familias en todo el territorio nacional.(Fuente: Informe Técnico ENFEN Año 12 N°18 al 13 octubre 2026)

Una triste realidad
En conversación con Wilson Fuentes Rivera, Especialista Desarrollo Sostenible y Comunidades, abordamos la cara más dura de este fenómeno. Cómo la naturaleza termina golpeando siempre con mayor dureza a las poblaciones más vulnerables, a aquellos sectores que cuentan con menos recursos para protegerse y salir adelante.
Para el especialista, las familias de menores recursos son las más golpeadas porque a sus dificultades económicas se suman serias deficiencias en la infraestructura de sus viviendas, la falta de redes de agua o alcantarillado y su ubicación en zonas de alto riesgo frente a huaicos o desbordes. Advirtió que la gestión pública suele cometer el error de destinar presupuestos para responder una vez que el desastre ya ocurrió, dejando de lado la prevención. No obstante, señaló que existen ejemplos positivos mediante alianzas público-privadas, como el uso de seguros agrícolas cofinanciados con el Estado para proteger el trabajo y el sustento de los pequeños productores ante eventos climáticos.
A esta vulnerabilidad social se le suma la inacción de nuestras autoridades. Es una triste realidad saber que, a pesar de las continuas advertencias climáticas, la prevención brilla por su ausencia. Según la Encuesta Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (ENAGERD), elaborada de manera conjunta por el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED) y el INDECI, menos de tres de cada diez municipalidades cuentan con un plan formal para responder ante emergencias, y casi el 70% del presupuesto asignado para prevenir y atender desastres se queda sin gastar en los municipios distritales. Para colmo, casi la totalidad de distritos carece de planes preparados para la reconstrucción una vez que la emergencia pase.

Un llamado de años y el encuentro que nos marca el camino
Pero este panorama no es una sorpresa. El cambio climático y el ascenso inusual de las temperaturas vienen enviándonos señales desde hace años. Ante esta realidad, la respuesta no puede depender de un solo actor, sino que requiere la suma articulada del sector público, el sector privado y toda la sociedad civil.
De acuerdo con los monitoreos oficiales del ENFEN y el SENAMHI, el calentamiento anómalo de nuestro mar ha registrado picos de hasta 9 °C por encima de sus valores normales, generando marcas históricas de calor en el litoral y extendiendo la alerta por El Niño Costero. Estas mediciones demuestran que enfrentamos eventos cada vez más calurosos y propensos a lluvias intensas, lo que vuelve urgente la necesidad de no improvisar.
Frente a este reto, el sector privado ha comenzado a asumir un rol activo, sumando esfuerzos para reducir su huella de carbono e incorporar planes sostenibles en el corazón de sus negocios. Sobre la importancia de este compromiso conversamos con Emily Sánchez, especialista en Sostenibilidad y Responsabilidad Corporativa, quien nos explica por qué la participación de las empresas es indispensable para construir un futuro resiliente.
Para la especialista, el verdadero compromiso empresarial exige integrar la sostenibilidad directamente en el corazón de la estrategia (core business) y no usarla como un simple adorno o herramienta de imagen. Advirtió que, ante amenazas tan concretas como las actuales, los inversionistas y aliados exigen acciones reales y medibles, por lo que no contar con un plan claro expone a las organizaciones al greenwashing e invalida su capacidad para responder ante emergencias climáticas y operativas.

Remarcó que los impactos del clima, como el fenómeno de El Niño o los incendios forestales, ya no son proyecciones lejanas sino realidades visibles que exigen también la acción de la sociedad civil. En ese sentido, destacó que gestos cotidianos como segregar y reciclar correctamente los residuos, sumados a la tarea de enseñar y contagiar estos hábitos a quienes nos rodean, son pequeños esfuerzos individuales capaces de generar un cambio duradero.
A propósito de la urgencia de unir esfuerzos entre todos los sectores, los pasados 24, 25 y 26 de septiembre se celebró Perú Sostenible 2026, la cumbre de sostenibilidad más importante del país. El evento marcó un punto de encuentro clave entre el sector público, el sector privado y la sociedad civil para debatir los principales focos de acción, compartir buenas prácticas y proponer soluciones reales frente a los desafíos ambientales de nuestro país.

