Bajada. La OMS le puso cifras este año a algo que muchas ya sospechábamos, la soledad pega más fuerte entre los jóvenes que entre los mayores. Y en un país donde más de dos millones de personas viven solas, mantener una amistad dejó de ser algo que ocurre por inercia.
Hay un grupo de WhatsApp que todas tenemos. El de la promoción, el de la universidad o el del trabajo anterior. Cada cierto tiempo alguien escribe “chicas, ya juntémonos” y llueven los corazones. Después nadie propone fecha. Y el grupo vuelve a quedarse quieto otros tres meses.
No es falta de cariño. Es otra cosa, y hasta hace poco casi no la nombrábamos.
La soledad no es cosa de viejos
En junio de 2025, la Organización Mundial de la Salud publicó De la soledad a la conexión social, el primer informe de su Comisión sobre Conexión Social. El titular que más circuló fue el más duro: la soledad está detrás de unas 871 mil muertes al año en el mundo. Alrededor de cien cada hora.
Pero el dato que debería interesarnos más es otro, y va justo contra lo que uno asume. Los índices más altos de soledad no están entre los adultos mayores: están entre los jóvenes. Entre los 13 y los 29 años, del 17 % al 21 % reporta sentirse solo. Es el tramo de edad más golpeado del planeta.
Dicho de otra forma: la etapa en la que se supone que una tiene más vida social es la etapa en la que más gente se siente sola.
Qué está pasando en el Perú
Acá el dato que mejor retrata el cambio viene del INEI. Según la Encuesta Nacional de Hogares, al 2024 existían 2 099 339 hogares unipersonales en el país; es decir, personas que viven solas. Son el 15,1 % de todos los hogares peruanos. Hace una generación esa cifra habría sido impensable.
Vivir sola no es un problema. Para muchas es exactamente la meta, la prueba de que la independencia se logró. Pero sí cambia las reglas del juego. Cuando compartías cuarto con tu hermana o vivías con tu familia, la compañía venía incluida en el paquete. Ahora hay que salir a buscarla.
A eso se suma un dato que nos toca de cerca. Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar, procesada por el Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado–Hideyo Noguchi, las mujeres jóvenes reportan más problemas de salud mental que los hombres de su edad: 30,2 % frente a 22,9 %. Y de acuerdo con Unicef, ocho de cada diez jóvenes que los atraviesan no piden ayuda a tiempo.
La parte que nadie nos explicó
Acá está el punto que casi nunca se dice en voz alta: las amistades del colegio y de la universidad no se formaron porque fuéramos especialmente buenas haciendo amigas. Se formaron porque nos veíamos todos los días, en el mismo lugar, durante años. La cercanía y la repetición hacían el trabajo por nosotras.
La vida adulta no funciona igual, y hay investigación que lo explica bien. Jeffrey Hall, profesor de Estudios de Comunicación en la Universidad de Kansas, se propuso medir cuánto tiempo toma que alguien pase de conocido a amigo. Su estudio, publicado en 2018 en el Journal of Social and Personal Relationships, encontró que hacen falta entre 40 y 60 horas para pasar de conocido a amigo casual, entre 80 y 100 para que esa persona sea “un amigo” y más de 200 para llegar a la amistad cercana.
El detalle que lo cambia todo es cuál tiempo cuenta. Hall encontró que las horas de trabajo compartido casi no suman: lo que construye amistad es el tiempo de conversar, de hacer nada juntas, de jugar, de perder el tiempo sin agenda. Puedes pasar ocho horas diarias al lado de una compañera de oficina durante un año entero y no llegar a ser amigas. Y es completamente normal.
- Cuando un grupo se enfría, casi nunca es que alguien dejó de querer a alguien. Es que se acabaron las horas.
Lo que sí funciona
La OMS no se quedó en el diagnóstico. Su informe recomienda tratar la conexión social como un asunto de salud pública con políticas, medición y programas y no como un tema de voluntad individual. Y menciona algo que suena obvio hasta que lo piensas dos veces: los lugares donde la gente se encuentra sin haberlo planeado, como parques, bibliotecas, canchas y actividades de barrio, también son infraestructura de salud.
A escala personal, lo que se desprende de la evidencia es bastante menos romántico de lo que quisiéramos: la amistad adulta se sostiene con agenda. Poner fecha en lugar de decir “ya nos vemos”. Asumir que un café de una hora cada dos semanas construye mucho más que una salida enorme una vez al año. Y no leer el silencio de la otra como desinterés, porque lo más probable es que ella también esté esperando que alguien escriba primero.
Si la sensación de estar sola es constante y ya te está pesando en el día a día, esa es una conversación distinta y vale la pena buscar apoyo profesional. El dato de Unicef ocho de cada diez que no piden ayuda existe justamente porque pedirla todavía cuesta.
Mientras tanto, queda lo chiquito. Ese grupo sigue ahí. Alguien tiene que proponer la fecha.
Organización Mundial de la Salud (2025). De la soledad a la conexión social: el camino hacia sociedades más saludables. Informe de la Comisión de la OMS sobre Conexión Social, 30 de junio de 2025. who.int
Instituto Nacional de Estadística e Informática (2025). Hogares unipersonales: personas que viven solas, 2024. Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO). gob.pe/inei
Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado–Hideyo Noguchi, sobre la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES 2022). juventud.gob.pe
Hall, J. A. (2018). “How many hours does it take to make a friend?”. Journal of Social and Personal Relationships. Universidad de Kansas. sagepub.com
