De acuerdo a datos del INEI, las mujeres conforman el 63% de las altas empresas de servicios de comidas y bebidas en personas naturales. Este sector obtuvo un crecimiento interanual del 6,6%, mientras que otros aspectos como la sostenibilidad y el conocimiento de costos son claves para quienes buscan emprender y mantenerse en el mercado.
En nuestro país, cada vez más mujeres encuentran en la comida una oportunidad para hacer dinero y poder independizarse. Lo que muchas veces empieza como la simple preparación de un plato de comida casera o un postre se convierte en una alternativa de autoempleo y hasta la fuente de sustento familiar. No obstante, comenzar a emprender trae consigo ciertas dificultades económicas que pueden arriesgar la sostenibilidad de estos nuevos negocios.
Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), entre abril y junio del 2026, las mujeres conformaron el 63% de las altas de empresas registradas como personas naturales en el rubro de servicios de comida y bebidas, es decir, 7,245 altas de empresas. Adicional a ello, las altas de este sector tan característico en nuestro país aumentaron un 6,6% respecto al mismo periodo del 2025.

Estas cifras, si bien evidencian la gran participación femenina en la creación y aumento de estas empresas del rubro gastronómico, dan paso a cuestionarnos lo siguiente: ¿qué tan accesible es convertir un emprendimiento en una fuente de ingresos sostenible en el tiempo?
Emprender no nace como necesidad, es una oportunidad para las mujeres
Para la economista Ana María La Madrid, muchas mujeres han logrado instalarse en el mercado laboral gracias a sus habilidades gastronómicas, dándoles la oportunidad de alcanzar mayor independencia económica. Esto debido a que, para ellas, es factible poder empezar desde la comodidad de sus propios hogares, y así poder escatimar gastos de inversión.
Sin embargo, La Madrid afirma que emprender no siempre comienza desde una oportunidad comercial. Muchas veces se inicia por la necesidad de generar ingresos y, al mismo tiempo, no dejar de lado las responsabilidades familiares. Esta afirmación se relaciona con lo importante que son las microempresas en el Perú. De acuerdo al Ministerio de la Producción (PRODUCE), las MYPE representan casi el 100% de las empresas formales, aportan el 20,6% del PBI nacional y generan alrededor de 10,3 millones de empleos. Estas cifras reflejan la importancia de las pequeñas empresas en el Perú, y cómo aportan a un nivel macroeconómico.
De la cocina familiar a un legado gastronómico
Cómo se ha podido mencionar, emprender en un rubro tan valorado como el gastronómico es una oportunidad de poder generar buenos ingresos. La historia del chef peruano y reconocido Flavio Solórzano, dueño del restaurante El Señorío de Sulco y ex miembro de Mistura, permite poder entender como la gastronomía puede convertirse en una oportunidad de sustento económico gracias a los conocimientos transmitidos dentro del entorno familiar.
Con el tiempo, aquella actividad que era solo familiar comenzó a despertar el interés de otras personas. “Llegó un momento donde el público empezó a pedir comida de mi abuela para varias personas…”, señala.
Su historia refleja cómo una actividad doméstica puede convertirse en una fuente de ingresos. Sin embargo, el camino muchas veces resulta complicado. Solórzano recuerda que una uno de los principales retos con que tuvo que lidiar fue el limitado acceso a la información y conocimientos especializados.
Los costos: uno de los más grandes retos para sostenerse
Si bien el hecho de vender alimentos preparados en caso puede parecer tarea fácil, hacer que sea rentable en un largo plazo puede significar uno de los mayores retos para las pequeñas empresas.
La Madrid menciona que uno de los errores más comunes se debe a que muchas veces solo se considera los gastos de ingredientes,sin incluir gastos fijos como el gas, electricidad, transporte, mano de obra, etc.
Por ejemplo, vender un plato de comida por encima del gasto de sus ingredientes no significa que realmente se generen utilidades. Si no se consideran los gastos mencionados, el negocio puede caer en la falsa idea de que, por vender más se gana más. “Quizás sientes que estás vendiendo bastante, pero cuando llega el momento de volver a comprar insumos, te das cuenta de que no tienes suficiente dinero.”, menciona la economista.
Formalizar y financiar: barreras para poder mantenerse
Los costos no son los únicos problemas a la hora de emprender en un negocio gastronómico, existen otras dificultades para formalizarse y acceder al financiamiento.
El hecho de empezar sin orientación previa, el desconocimiento de los procedimientos, los costos que suponen y la documentación necesaria muchas veces desmotivan a quienes quieren comenzar. Sin embargo, y aunque mantenerse en la informalidad parece el camino más sencillo, esta limita muchas oportunidades de crecimiento, como el acceso a créditos o poder ampliar el negocio a nivel comercial.
A causa de esta situación, PRODUCE se encargó de desarrollar iniciativas de capacitación y acompañamiento para fomentar la formalización de las micro y pequeñas empresas en el Perú.
No solo se trata de tener una buena receta
El auge de los emprendimientos gastronómicos liderados por mujeres refleja más que solo un deseo de aportar, es la búsqueda de una oportunidad economia que le de independencia. No obstante, iniciar un emprendimiento no garantiza que sea rentable a largo plazo.
El testimonio de Flavio Solórzano y el análisis económico de Ana María La Madrid permiten entender que, fuera de contar con una buena receta o sazón, para estos negocios es indispensable la organización, control financiero y el acceso a orientación para encontrar oportunidades de desarrollo. De esta manera, mientras más mujeres encuentran en la gastronomía una forma de ganarse la vida, el verdadero reto se encuentra en conseguir que sus emprendimientos sigan a flote a largo plazo, y puedan convertirse en fuentes de trabajo sostenibles.

